Todos los seres humanos, como tales, somos sociales y como tales nos comunicamos, creamos vínculos afectivos, amistades etc. Todo lleno de amor y amistad pero… que decir cuando “ese amigo” de toda la vida, esa gran persona, llega tarde. Si, si, ese amigo que quedas con él a las 20 y se presenta a las 20:30, que quedas con él a las 19.30 y llega a las 20.30 porque “no lo vas a engañar”. ¿A qué jode?
¡Bien!, pues llevaba un tiempo queriendo hacer este post, sobre la “tardanza” de cierto amigo, en este caso amiga, la televisión.
Esta semana pasada me he quedado de Rodríguez en casa, ósea mis padres a cientos de kilómetros de casa, asique tenía el salón para mí solo, televisión digital y “las de siempre” al alcance de mi mano, una semana, cinco noches de lates nights.
Hasta ahí todo bien. Pero ahora viene lo “bueno”. Me acuerdo cuando era pequeño que los programas empezaban sobre las nueve y media o como muy tarde las diez, esa época cuando la Champions, ni la batalla de las audiencias se hacía palpable y solo importaba el consumidor, no el dinero. Pero joder, ahora en el mundo televisivo ni el más puro respeta la programación.
Cuando en el periódico, internet o en el teletexto pone que un programa empieza a las 22.00, de normal empieza a las 22.15, te plantan un minuto de programa y veinte minutos de anuncios, es decir que empieza a eso de las 22.35. ¡Eso en los mejores días!, por que cuando hay futbol, o alguna competición rara… si a las 22.45 has empezado a ver el programa que “empieza” a las 22.00 hay que darse con un canto en los dientes.
Uno de los casos más clarividentes es Cuatro, que su Late Night suele ser Gabilondo, Pablo Motos y algún programa/serie. Pues bien los lunes suelen ser “puntuales” pero acaban sobre las diez y cuarto, lo que quiere decir que después del hormiguero, hasta las diez y media el programa siguiente no empieza, si hay Champions el hormiguero se alarga hasta casi las diez y media y el programa después… ha saber cuando quiere empezar y los viernes al igual que lo lunes al ser una repetición ni fu ni fa, tan pronto clavan la programación como se la pasan por el arco del triunfo.
La excepción que confirma la regla, una vez más, la hermana pequeña de la televisión española actual, esa cadena llamada La Sexta, la puta a ojos de mucho de la televisión, es la única que respeta a sus consumidores.
¿Denuncia?, ¿Espera?, ¿Qué se puede hacer?
































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